
(barrios@rflorida.icrt.cu)
Primero fueron las mujeres nativas, quienes cuentan que ofrecían su pecho ante los arcabuces de los conquistadores para impedir que las balas mortíferas cegaran las vidas de sus hijos, cuando la perfidia colonial y el ímpetu por la riqueza y el oro, hicieron que aquellos hombres barbudos llegaran a arrebatarles sus tierras ante su mirada ingenua.
Después Mariana Grajales daría una demostración de entrega y patriotismo cuando le trajeron a su hijo herido y convocó a otros para que se empinara y se fueran al campamento, Leonor Pérez inculcaría a Martí el amor por su tierra y Doña Rosario García desde su Santiago de Cuba ofrecería dos hijos a la causa de la libertad.
Así ellas sufrieron en silencio en sus casas en los días de la sierra y la lucha clandestina, escondieron a sus muchachos del ensanchamiento y la brutalidad de los agentes de los cuerpos represivos de Machado y Batista, y marcharon luctuosas en tiempos de huelgas y manifestaciones.

Ahora el ejemplo de las madres cubanas vibra en la de los CINCO héroes, en las que ahora están en Venezuela, Bolivia, u Honduras cumpliendo el deber del internacionalismo, llega en las madres de los combatientes de Girón, de Angola, de Etiopía… porque ellas son en si mismas tribuna dulce del alma de la nación.
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